Era una buena persona. Un buen hombre, de esos que cualquier mujer querría. Un hombre que se desvelaría todas las madrugadas del mundo contigo. Un hombre que nunca dejaría de sonreír sólo porque sabe que te encanta su sonrisa. Un hombre que escribiría historias durante tu siesta. Un hombre que te volvería todo realidad.
Poeta, escritor, bailarín. Feliz.
Loco que vive de su imaginación.
Un hombre que sonríe para una foto con un algodón de dulce no puede ser nada malo.
En memoria de Arana.
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